Entre el 24 y el 26 de mayo tendrá lugar en Copenhague el World Business Summit on Climate Change, que contará con la asistencia de Ban Ki-Moon, Secretario General de Naciones Unidas, y de unos 1.000 representantes de empresas, ONGs y gobiernos. Este encuentro, organizado por el Copenhagen Climate Council junto al Pacto Mundial de Naciones Unidas, el World Business Council for Sustainable Development (WBCSD), el Climate Group,
También hemos asistido recientemente a otro encuentro "preparatorio" de la cumbre de diciembre, en este caso en Washington, a finales de abril, con la participación de las 17 potencias económicas responsables de tres cuartas partes de los gases invernadero. Tras la reciente declaración de la Agencia de Protección Ambiental estadounidense (EPA), afirmando por primera vez que el dióxido de carbono y otros gases invernadero "ponen en peligro" la salud y el bienestar públicos, el representante especial sobre cambio climático de Obama, Todd Stern, se mostró optimista la semana pasada en Washington sobre las posibilidades de alcanzar un acuerdo en Copenhague, si bien reconoció su dificultad. De hecho, parece bastante probable que la propuesta demócrata de establecer un sistema de limitación y comercio de emisiones en EEUU vea pospuesta su aprobación hasta el próximo año.
Recuperando mis anteriores posts sobre el tema (http://energyandindustry.blogs.ie.edu/2008/04/el-tren-de-bali-a-copenhague-p.html; http://economy.blogs.ie.edu/archives/2007/12/de_bali_a_copen.php), ¿llegará el tren puntualmente y con todos sus pasajeros, o lo perderemos una vez más?
En las últimas décadas, la relación entre la economía de mercado y la sostenibilidad ambiental ha pasado por muy diferentes etapas. El medio ambiente irrumpe en la agenda política internacional con publicación del informe Brundtland en 1987, tomando desde entonces un creciente peso en las distintas regulaciones internacionales y nacionales. Buena parte de las empresas aún percibe esta introducción forzada de un objetivo social entre sus objetivos privados como una carga en sus cuentas de resultados. A comienzos de los 1990 las compañías pertenecientes al World Business Council for Sustainable Development (WBCSD) establecen el paradigma de la ecoeficiencia, desde entonces ampliamente aceptado y probado por numerosas empresas, que comienzan a percibir los beneficios privados derivados de la reducción de los costes medioambientales. Más recientemente, se han añadido dos nuevas dimensiones a la relación entre mercado y medio ambiente, motivadas tanto por objetivos públicos como privados: la reducción de la dependencia energética, y la propia generación de negocio y empleo medioambiental.
Quiero concentrarme aquí en esa última dimensión, que está tomando particular relevancia en el actual contexto de crisis económica mundial. Y es que la llamada "eco-industria" se está constituyendo en la esperanza verde para muchos gobiernos.
Todavía con las imágenes de la China olímpica y contaminada en las retinas, nuevos datos se suman a un futuro algo más esperanzador en las consecuencias ambientales de su modelo de crecimiento [1].
El Ernst & Young Renewable Energy Group acaba de publicar su ultimo informe 'Renewable Energy Country Attractiveness Indices Q1-2
Una vez más, el gigante asiático desplaza a alguna economía occidental de algún ranking; en esta ocasión, ha sacado a UK del top five de países más atractivos para las inversiones en energías renovables. Los EEUU mantienen por el momento la primera posición en todos los índices del informe, seguidos en el medallero por Alemania, India, China y España. Hagan sus apuestas.
During the last few months I've been collaborating with VTT Technical Research Centre of
The GoReNEST project develops an analytical framework for the governance of Nordic energy transition and applies the framework for the analysis of the role of various research and policy instruments in supporting the energy transition. Recent advances in RD&D governance and funding models are explored in order to find fruitful ways to support coordination and governance of the energy transition processes. A small-scale pilot stakeholder process is carried out to demonstrate the framework and its application.
Según cuenta la Biblia, Joseph, undécimo hijo de Jacob, acumuló maíz en las tierras de Egipto en previsión de los siete años de hambruna que estaban por venir. Desde entonces hasta hoy, las cosechas y materias primas han sido almacenadas y los comerciantes han buscado sus ganancias especulando con la oferta y la demanda de estos bienes, una práctica a menudo condenada éticamente a lo largo de la historia.
Cada vez son más las voces que se alzan contra la especulación de bancos de inversión, hedge funds, inversores institucionales, etc. como responsables de buena parte de la inflación en el petróleo y los alimentos. Entre los defensores de esa idea podemos encontrar postulantes tan diversos como la OPEP o el Senado de EEUU, cuyo Comité de Comercio se está planteando limitar la participación de los grandes inversores institucionales en los mercados de commodities. El pasado martes este panel escuchó con atención la ponencia del liberal George Soros, defendiendo esa misma tesis.
Recientemente The Economist publicaba un interesante artículo cuestionando tal planteamiento, que animo a nuestros lectores a comentar en este foro: http://www.economist.com/finance/displaystory.cfm?story_id=11453090
Al escribirse estas líneas el barril de petróleo (West Texas) acaba de sobrepasar los 126 dólares, alcanzando su enésimo record consecutivo. Si bien ya es posible hablar de máximos históricos en términos reales, esto es, teniendo en cuenta la inflación, todavía queda cierto recorrido al alza si se tiene presente en esa comparación la evolución en el tamaño relativo de la renta mundial. Un reciente estudio de Deutsche Bank calcula que en el pico del precio del crudo de 1980 el gasto global en petróleo ascendió al 5,9% del PIB mundial, y concluye que el precio actual debería escalar hasta los 150 dólares por barril para que la factura global fuera de un importe equivalente hoy día. Desafortunadamente, no parece algo improbable.
En los últimos días hemos podido escuchar pésimos y autorizados presagios al respecto. Chakib Jelil, presidente de la OPEP y ministro de Petróleo de Argelia, afirmó recientemente que el barril de crudo podría llegar a los 200 dólares si la divisa estadounidense seguía depreciándose. Por su parte Arjun Murti, director general y analista de Petróleo de Goldman Sachs, también apostó hace unos días por un umbral entre 150 y 200 dólares, aunque a diferencia de Jelil defiende que es el encarecimiento del petróleo el que colabora en la depreciación del dólar, y no a
I think many of us working in the energy field, tend to view a promising future for an energy system in which a large base of distributed renewable energy facitlities will provide head/cold and electricity to buidlings, in many cases cutting down distribution losses, and where renwable facilities produce hidrogen which then is used to move road vehicles.
Yet, revolutions are difficult to predict. Possibly they can only be explained expost. These days the famous biologist Craig Venter is providing reasurance that in a matter of months the first forms of truly synthetic life might come out of a lab. These developments could open the door to the design and mantufacturing of taylor made organism. Venter himself says that he envison manufacturing a bacteria that could convert CO2 directly into an hidrocarbon, thus virtually solving at once both the emissions problems and the supply of fuel. Could this be true? What would be the economics of such a process? Certainly if this happens this would be a true breakthrough that would affect all our lives. Apparentyly we only have to wait a few months to find out!
El pasado martes concluyó el 11th International Energy Forum, una iniciativa constituida en 1991 con el fin de impulsar el diálogo entre países productores y consumidores de petróleo y gas. El evento reunió en Roma durante dos días en torno a 60 ministros de la energía, 50 representantes de organizaciones internacionales (FMI, OPEP e IEA –Agencia Internacional de la Energía–, entre otras) y directivos de 40 grupos del sector energético mundial.
Las conclusiones alcanzadas fueron las previsibles. El problema, a corto plazo y con visos de quedarse: nada garantiza que el precio del petróleo detenga su escalada, ante una demanda imparable de energía que pone en riesgo el crecimiento, el medio ambiente e incluso el suministro de alimentos; la oferta (OPEP) se lavó una vez más las manos, responsabilizando a la especulación, impulsada por el debilitamiento del dólar. La solución, a largo plazo y con perspectivas poco halagüeñas: en palabras del director ejecutivo de
Hace unos días se celebró en Bangkok la primera de las cuatro rondas de negociación internacional sobre cambio climático que tendrán lugar durante 2008, arrancando así el programa de trabajo que se acordó el pasado mes de diciembre en Bali. "The train to Copenhagen has left the station", exclamó a su conclusión Yvo de Boer, secretario ejecutivo del United Nations Framework Convention on Climate Change, curiosamente en línea con el título del post publicado en diciembre en los blogs del IE [1]